Autora: Bárbara Ríos
Fanny M. Cornejo —la actual directora de Yunkawasi— nunca se imaginó que estudiar Biología cambiaría no solo el rumbo de su vida y el de su mamá, sino también la de muchas personas en diferentes comunidades del Perú. Y no solo de una manera simbólica, sino también, y sobre todo, mediante acciones que dieron inicio a una cadena de sucesos que hasta la actualidad se siguen desarrollando por un bien mayor.
Cuando solo tenía 17 años, aproximadamente, y ayudaba en el cuidado de los animales en el Parque de las Leyendas, Fanny cuidó a una monita bebé que, sin querer, fue esa chispa que dio origen a la asociación unos años después. Ella recuerda haberse preguntado por qué estaba allí esa monita bebé, por qué ellos la estaban criando y no su mamá. Y la respuesta era desafortunada: porque a su mamá la mataron. Pero esa respuesta se fue complejizando a medida que se daba cuenta que realmente no sabía nada de esa monita. No había estudios de campo de monos en el Perú. Es así que determinó que su camino iba a ser trabajar con monos, proveer información y ayudar a su conservación.
Contagiada por ese entusiasmo, su mamá —Fanny Fernández Melo— decidió dar un pequeño giro a su vida profesional. Se puso a hacer una maestría en gestión ambiental y comenzó a trabajar en temas de agua y de cultura ambiental, sobre todo en espacios urbanos. Sin embargo, se percataron de que se enfrentaban a un gran desafío: las comunidades en las cuales trabajaban no tenían una noción de con qué animales compartían el espacio. Fanny (hija) recuerda que hubo ocasiones en las que los miembros de una comunidad mencionaban pingüinos, orangutanes y leones cuando se les preguntaba por los animales locales. Es en entonces que ambas decidieron tener un proyecto de educación ambiental, sobre todo por estar en una de las áreas claves de biodiversidad del mundo. Fanny animó a su mamá —una mujer que recuerda por su pasión y energía, así como por su capacidad de cautivar a la gente— para que liderara este proyecto. Es así que nace Yunkawasi.
Del mismo modo, también buscan fortalecer la educación ambiental en dichos lugares. Para ello trabajan con la Dirección Regional de Educación de Amazonas, pues Fanny reconoce que si bien antes podían realizar talleres en colegios, no tenía el impacto que buscaban y se necesitaba, ya que una vez que se iban, todo ese conocimiento quedaba en el aire. No había un plan que el docente pudiera seguir para continuar con el desarrollo del proceso de aprendizaje. Es a partir de ello que comenzaron a trabajar a nivel de estructura para poder formalizar una educación ambiental. Ya no se trata de realizar talleres aislados, sino de insertar esos temas de conservación, diversidad y cambio climático dentro de las currículas escolares. Así los escolares no solo aprenden teoría y ya, sino que ya les es posible aplicarla a su contexto local. Es un trabajo en conjunto con los pedagogos de la UGEL para diseñar el material educativo. Esto le da a la organización la tranquilidad de que, en el caso de que se tengan que ir de la zona, ese material y programa ya quedó ahí y se puede continuar sobre esa base para seguir creciendo. Esa semilla del llamado a la acción que se les introduce desde pequeños seguirá creciendo hasta materializarse en distintos modos como pasacalles, festivales, muralizaciones, etc.
Bajo esta perspectiva de trabajo con las comunidades es que el camino de Fanny y el del resto del equipo de Yunkawasi se entrelaza con el de Rosmely Ramos, presidenta de la Asociación de Conservación Oso Dorado Hierba Buena Allpayacu. Ella cuenta que la asociación se formó en 2009, cuando la mamá de Fanny visitaba constantemente la Comunidad Campesina de Corosha, en Amazonas. Recuerda cómo los apoyaba a hacer sus peluches y, de paso, les comentaba lo mucho que deseaba que hubiera una organización. Es así que nace Oso Dorado, de esa necesidad de promover la conservación del ACP Hierba Buena, un área protegida por la comunidad desde 2001 y que abarca 2,282.12 hectáreas. Además, es el hogar de animales en peligro de extinción como el mono choro de cola amarilla, el oso de anteojos y el mono nocturno andino.
Rosmely explica que, a través de cuatro comités: artesanía, alojamiento, alimentación y guiado, todos los miembros de la organización trabajan tanto con los miembros de la misma comunidad como con turistas. Por ejemplo, Rosmely, que forma parte de la comisión de artesanía, sostiene un peluche del mono choro de cola amarilla que fabricó mientras cuenta cómo mediante sus artesanías no solo generan ingresos económicos para sus familias, sino que también ayuda a visibilizar la existencia de estas especies y el peligro a los que se enfrentan. Hace poco realizaron una campaña contra el tráfico de fauna con empresas de transporte populares en Amazonas, con la que se buscaba sensibilizar a los choferes al darles peluches que pudieran colgar en los buses, así como otros materiales complementarios. Esa artesanía significa seguir protegiendo a esas especies a través del tejido.
Por otro lado, Liseth Arista, coordinadora del comité de monitoreo y guiado, habló sobre el trabajo de campo que ha estado realizando. Comenzó en 2009 recopilando información para el estudio del mono choro de cola amarilla y el mono nocturno andino, ya que si bien se sabe que están en peligro, no se sabía más detalles sobre el lugar en el que viven ni su comportamiento. La importancia de su rol reside en salir al hábitat de estas especies para estudiarlas con mayor detenimiento, de esta manera se puede concientizar a la población, por ejemplo, sobre el tema de la tala de los bosques y la importancia del rol del mono choro de cola amarilla en el ecosistema, pues es portador de semillas. Es decir, ayudan a conectar a las personas entre ellas y con su entorno, pues uno no puede proteger lo que no conoce. Tanto Liseth como Rosmely comparten la preocupación por dejar algo a las generaciones que están por venir. Saben que si no hacen algo para cuidar los bosques y los animales, no habrá un futuro. Su mayor esperanza es que el trabajo de concientización que están haciendo con los niños dé frutos más adelante, que la labor de conservación no sea responsabilidad solo de la comunidad, sino de todo el país.
Además de las labores mencionadas, este año, uno de los objetivos de Yunkawasi involucra a productores de café, grano cuyo consumo es uno de los más populares a nivel nacional. La idea es que se conviertan en sistemas agroforestales que produzcan un café que tenga un mejor tratamiento post cosecha. No obstante, reconocen que el reto está en hacer de este producto más atractivo frente a otras marcas que se encuentran en el mercado y cuyos protocolos ambientales no son su principal prioridad. Hace falta una fuerte dosis de realidad nacional. Para ello Fanny trae a colación la importancia de la comunicación para la conservación, pues nadie va a comprar un café que no deforeste y que protege especies si no conoce la historia. Se trata de poder generar y difundir entre la ciudadanía una narrativa que promueva la importancia del consumo de productos responsables con el medio ambiente y justos con los productores. Una narrativa que visibilice a los actores tanto humanos como no humanos detrás del producto, pues uno puede preguntarse ¿cómo se ayuda o soluciona lo que no se entiende? Fanny precisa la urgencia que hay en hacer de estos temas algo mainstream, que todos se sientan involucrados y con las mismas posibilidades de hacer algo al respecto, que no se trata solo de esperar a que el Ministerio del Ambiente u otras entidades más grandes actúen, sino también nosotros como ciudadanos.
Yunkawasi nos recuerdan la importancia de actuar y pensar en colectivo, que todos nosotros y nuestras historias están interconectadas de alguna manera, que las cosas que hacemos, las decisiones que tomamos, las palabras que decimos, todo tiene un peso y una importancia en la vida del otro, tanto humanos como no humanos, así como en toda la naturaleza en general. Tanto Fanny como Rosmely y Liseth, cada una aportando y actuando desde el lugar que ocupan en el territorio y en esta lucha, coinciden en algo crucial: llevar un mensaje a la comunidad, no solo de esperanza, sino uno que te sacude y moviliza. Nos llama a actuar como una comunidad o colectividad organizada y no solo como individuos que se mueven por sus propios intereses.
¿Cómo podemos ayudar a la Asociación Oso dorado desde cualquier parte del país?
La Asociación tiene una página en Facebook (https://www.facebook.com/AsociacionOsoDorado) en la cual comparten todo el trabajo que realizan, las ferias en las que participan -algunas en Lima- y las artesanías que venden. Además, hay un número de Whatsapp para hacer pedidos de las artesanías.