Mujeres que cuidan la Amazonía

Autora: Claudia Tuesta 

Desde el monitoreo de especies y la vigilancia del territorio hasta la promoción del turismo sostenible y los emprendimientos locales, la conservación se construye día a día gracias al compromiso de quienes dedican su vida a cuidar estos espacios.

Desde el monitoreo de especies y la vigilancia del territorio hasta la promoción del turismo sostenible y los emprendimientos locales, la conservación se construye día a día gracias al compromiso de quienes dedican su vida a cuidar estos espacios.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, conversé con cinco mujeres. Sus historias muestran que proteger la biodiversidad no es solo una labor técnica, sino también un compromiso profundamente humano con el territorio, la cultura y el futuro. Todas comparten una convicción: proteger la naturaleza es también proteger la vida.

Liderar la conservación desde el territorio

Salomé Antezano Angoma es jefa del Parque Nacional Yanachaga Chemillén, área natural protegida ubicada en la región Pasco. Su historia en el parque comenzó en 2010, cuando ingresó como especialista. Con el paso de los años y tras un largo trabajo en el territorio, asumió la responsabilidad de liderar su gestión.

Su vínculo con la conservación surgió incluso antes, durante sus años de formación universitaria. Fue mientras realizaba su tesis de pregrado dentro de un área natural protegida cuando descubrió que quería dedicar su vida a trabajar en estos espacios.

“Fue ahí donde descubrí la mística de los bosques y la riqueza que tienen nuestros ecosistemas. Entendí que quería trabajar en lugares donde pudiera estar en contacto directo con la naturaleza y contribuir a su conservación”, recuerda.

Después de más de quince años trabajando en el parque, esa conexión con la naturaleza sigue siendo una de sus principales motivaciones.

“Cada vez que ingresamos al parque descubrimos algo nuevo: la belleza de las plantas, los árboles o cómo nacen las quebradas en las montañas y poco a poco se convierten en ríos”.

El Parque Nacional Yanachaga Chemillén alberga una enorme diversidad biológica y cumple un rol fundamental para las poblaciones cercanas. Según explica Antezano, uno de sus aportes más importantes es la provisión de agua.

“El parque funciona prácticamente como una fábrica de agua. Aquí nacen muchas quebradas en las partes altas de las montañas que luego forman ríos y abastecen a las poblaciones cercanas”.

Para proteger este territorio, su gestión se basa en un enfoque participativo que articula el trabajo del Estado con las comunidades locales, vigilantes del territorio e instituciones aliadas. Este trabajo colaborativo permite fortalecer la conservación del área y prevenir conflictos.

Desde su experiencia, liderar un área natural protegida implica escuchar al equipo, aprender constantemente y tomar decisiones responsables frente a presiones externas que podrían afectar la integridad del territorio.

“Las áreas naturales protegidas se construyen poco a poco. Cada persona que ha pasado por su gestión ha colocado un ladrillo para fortalecerlas”.

Educar y empoderar para conservar
Fuente: SERNANP

Para Yumira Huamani Tueros, guardaparque de la Reserva Comunal Yanesha, en la región Pasco, la conservación también se construye a través de la educación y el trabajo con las comunidades.

Gran parte de su labor está vinculada a procesos de educación ambiental, especialmente con niñas y niños de las comunidades cercanas al área natural protegida. Para ella, el rol de las mujeres en la conservación tiene una dimensión profundamente educativa.

A través de talleres y actividades de sensibilización, busca despertar en las nuevas generaciones una conexión temprana con la biodiversidad y con los territorios que habitan.

“Tenemos la capacidad de transmitir y enseñar el valor de la conservación desde una perspectiva empática y educativa. Si logramos que desde la infancia conecten con sus territorios, crecerán con el conocimiento necesario para defender su flora y su fauna”.

Su trabajo también implica largas jornadas en campo. Uno de los retos más exigentes que recuerda ocurrió durante un monitoreo de palmiche en plena selva, que se extendió por más de una semana. Las caminatas, las condiciones del bosque y el esfuerzo físico pusieron a prueba su resistencia.

“Esa experiencia me demostró que soy fuerte y capaz de lograr cualquier objetivo que me proponga”.

Como muchas personas que trabajan en conservación, Yumira también enfrenta desafíos personales, como la distancia de su familia durante los periodos de trabajo en campo. Sin embargo, asegura que estar rodeada de naturaleza y contribuir a su cuidado compensa cada sacrificio.

“Uno de los retos más importantes es seguir empoderando a más mujeres para que participen en los procesos de conservación. Las mujeres tenemos una gran capacidad para generar cambios en nuestras comunidades y en nuestros territorios.”

Fuente: SERNANP
Romper estereotipos en la conservación

Erika Arévalo Peso trabaja como guardaparque en la Reserva Nacional Allpahuayo Mishana, en la región Loreto, donde forma parte del equipo encargado de proteger uno de los ecosistemas más singulares de la Amazonía peruana.

Desde que inició sus labores en el área natural protegida, ha tenido que enfrentar uno de los desafíos más comunes para muchas mujeres en el sector: romper con la idea de que el trabajo de guardaparque es una labor reservada únicamente para hombres.

Sin embargo, explica que el trabajo de conservación requiere mucho más que eso. La labor de un guardaparque implica preparación técnica, conocimiento del territorio, capacidad para tomar decisiones en campo y un profundo compromiso con la protección de la biodiversidad.

En su día a día realiza patrullajes dentro del área protegida, participa en el monitoreo de especies de flora y fauna, acompaña a visitantes y desarrolla actividades de educación ambiental con comunidades y estudiantes. Cada una de estas acciones contribuye directamente al cuidado del ecosistema.

El trabajo en el territorio también implica enfrentar condiciones exigentes: largas caminatas, terrenos complejos, presencia de fauna silvestre y condiciones climáticas cambiantes. A ello se suman los riesgos asociados a actividades ilegales.

Para Erika, la conservación va más allá del cuidado de plantas o animales: “Proteger el territorio también significa cuidar a las comunidades que dependen de estos recursos”.

Su rol como madre también ha fortalecido su compromiso con el trabajo que realiza. “Pienso en el futuro de mi hijo y en que él también pueda conocer estos paisajes”.

A lo largo de su experiencia, ha vivido momentos en los que su trabajo fue subestimado por ser mujer. Pero esas situaciones, lejos de desanimarla, reforzaron su determinación de seguir adelante.

“Cuando las niñas ven a una mujer trabajando como guardaparque, entienden que ellas también pueden hacerlo”. Para Erika, el mensaje es claro: “La conservación no tiene género”.

Conservar también es generar oportunidades
Fuente: SERNANP

En el Parque Nacional Tingo María, en la región Huánuco, el turismo sostenible se ha convertido en una herramienta clave para que más personas conozcan el valor de las áreas naturales protegidas y contribuyan a su conservación.

Karla Tito Ramos, especialista en turismo desde el 2022, trabaja impulsando experiencias responsables para los visitantes, promoviendo al mismo tiempo oportunidades para las comunidades locales.

“El turismo bien gestionado puede convertirse en una herramienta poderosa para la conservación”, explica.

Desde su rol, busca que cada visitante no solo disfrute del paisaje, sino que también comprenda la importancia de cuidar los ecosistemas que hacen posible esa experiencia. Para ello, coordina acciones con distintos actores, fortalece iniciativas turísticas locales y promueve que las actividades se desarrollen bajo criterios de sostenibilidad.

Como muchas mujeres en el sector, uno de los retos que ha enfrentado ha sido abrirse paso en espacios que históricamente han estado liderados por hombres.

“La preparación, la constancia y el trabajo en equipo han sido claves para demostrar que la capacidad no depende del género”, señala.

El trabajo en campo también presenta desafíos, desde lluvias intensas hasta terrenos complejos y, en algunos casos, riesgos asociados a actividades ilegales. A pesar de ello, el compromiso con la conservación continúa siendo el motor de su trabajo.

“Proteger el territorio significa mucho más que cuidar un paisaje, es defender la vida, la cultura y la historia que alberga”; además, considera que el liderazgo femenino aporta cualidades clave para la conservación, como el diálogo, la empatía y la construcción de consensos.

En el paisaje del parque hay también un símbolo que para ella tiene un significado especial: la formación montañosa conocida como la Bella Durmiente, cuya silueta recuerda la figura de una mujer recostada.

Para Karla, este ícono natural es un recordatorio de que la conservación también puede tener rostro de mujer.

El bosque también se protege desde las comunidades

Mary Salazar Pedro, artesana del pueblo originario Yanesha y promotora de iniciativas comunitarias vinculadas a la conservación, proteger el bosque también significa preservar la cultura, el conocimiento y las formas de vida de las comunidades que han habitado estos territorios durante generaciones.

“Las comunidades han cuidado estos territorios durante mucho tiempo. Reconocer ese conocimiento es fundamental para la conservación”, señala.

Mary forma parte de Moda Sostenible Yanesha, una iniciativa que utiliza insumos provenientes del bosque para elaborar textiles y artesanías que combinan tradición cultural y sostenibilidad ambiental, y que también es Aliado por la Conservación.

En su comunidad, el bosque es una fuente de vida. Las mujeres trabajan en un jardín botánico donde reforestan plantas tintóreas, algodón nativo y otras especies que luego utilizan para producir fibras y tintes naturales. Actualmente, cerca de veinte artesanas participan en este proceso colectivo.

Con estos insumos elaboran bolsos, camisas, faldas y otras prendas que reflejan la identidad cultural del pueblo Yanesha y promueven el uso responsable de los recursos del bosque. El emprendimiento también ha tenido un impacto en la economía familiar.

“Muchas mujeres pueden generar pequeños ingresos para apoyar la educación de sus hijos”.

Uno de los principales retos sigue siendo conseguir financiamiento para fortalecer el proyecto, recuperar especies tradicionales y ampliar los procesos de reforestación. Más allá del aspecto económico, Mary tiene claro que su trabajo busca preservar la identidad cultural de su pueblo.

Sueña con que los productos elaborados por las mujeres Yanesha lleguen a mercados nacionales e internacionales, mientras continúan cuidando el bosque que sustenta su cultura y su forma de vida.

Un mismo compromiso

Las historias de estas mujeres reflejan distintas formas de contribuir a la conservación: liderando áreas naturales protegidas, patrullando bosques, promoviendo turismo sostenible o preservando conocimientos tradicionales.

Desde sus territorios y experiencias, todas comparten una convicción común: proteger la naturaleza es también proteger el futuro.

Porque cuidar los bosques amazónicos no es solo una tarea técnica, sino una responsabilidad compartida que requiere conocimiento, compromiso y, sobre todo, personas dispuestas a dedicar su vida a la conservación.