Autora: Claudia Tuesta.
En los bosques que conectan los Andes con la Amazonía hay un caminante silencioso. No construye, no siembra con las manos, no deja huellas visibles para todos. Y, sin embargo, de su paso depende mucho más de lo que imaginamos.
Es el oso de anteojos.
Mientras recorre largas distancias en busca de alimento, va dejando semillas en el camino, abriendo rutas entre la vegetación y conectando fragmentos de bosque. Sin proponérselo, ayuda a que los ecosistemas se regeneren y sigan cumpliendo su función: sostener la vida.
Pero hoy, moverse es cada vez más difícil.
Un oso único en el mundo
El oso de anteojos —también llamado oso andino— es la única especie de oso que habita en Sudamérica. Vive a lo largo de la cordillera de los Andes, desde Panamá hasta Bolivia, atravesando bosques nublados y zonas amazónicas.
En el Perú, su presencia se extiende a lo largo de diversos territorios y ha sido registrada en 31 Áreas Naturales Protegidas. Es, probablemente, el país que alberga una de las mayores poblaciones de esta especie en la región.
Cada oso, además, es único: las manchas claras que rodean sus ojos —como si llevara unos anteojos— forman patrones irrepetibles, como una huella dactilar.
El guardián invisible del bosque
Aunque pocas veces se deja ver, su presencia se siente. El oso de anteojos cumple un rol clave en los ecosistemas:
● Dispersa semillas que darán origen a nuevos árboles
● Abre caminos que otras especies utilizan
● Conecta espacios que permiten que el bosque siga vivo
Gracias a él, los bosques se regeneran. Y con ellos, todo lo que depende de estos: el agua, la biodiversidad y también nosotros.
Un territorio que se fragmenta
Para el oso, moverse no es una opción. Es una necesidad. Pero su hogar está cambiando.
Cada año, el bosque que habita se reduce por la deforestación y la expansión de actividades humanas. Se estima que cerca del 60% de su distribución histórica ha sido afectada. Y del hábitat que aún queda, solo alrededor del 30% está protegido dentro de Áreas Naturales Protegidas.
Los corredores naturales que antes le permitían desplazarse se fragmentan. Las fuentes de alimento cambian con el clima. Y cada vez que necesita ir más lejos, también aumenta el riesgo.
Hoy, su supervivencia depende, en gran medida, de nuestra capacidad de actuar a tiempo.
La importancia de saber por dónde se mueve
Aunque el Perú podría albergar una de las mayores poblaciones de oso andino en Sudamérica, aún sabemos poco sobre cómo se mueve hoy, qué rutas utiliza o cómo están cambiando sus hábitos.
Por eso, monitorearlo no es solo una tarea científica. Es una herramienta clave para protegerlo.
Conocer sus recorridos permite identificar zonas críticas, conservar corredores biológicos y tomar mejores decisiones para su futuro.
Muévete por el oso
Frente a este desafío, nace la campaña “Muévete por el oso”: una iniciativa que busca sumar a la ciudadanía, empresas y organizaciones en la conservación de esta especie y su hábitat.
La meta es recaudar S/ 400,000 para fortalecer acciones concretas en campo, especialmente en ocho Áreas Naturales Protegidas donde ya se realiza monitoreo del oso de anteojos.
Los fondos permitirán implementar herramientas esenciales para el trabajo en territorio:
● Collares de geolocalización para seguir sus movimientos
● Cámaras trampa para registrar su presencia
● Equipos GPS, binoculares y equipos de campo para los guardaparques