Sin alcantarillado y bajo el impacto minero: la crisis sanitaria que golpea al río Itaya

Autor: Jeferson Herrera.

Hablar de bienestar físico y mental suele parecer un discurso lejano para quienes habitan el margen derecho del río Itaya. En la zona de Belén Bajo, en Iquitos, la salud no es una garantía ni una conmemoración, sino una lucha diaria contra las carencias estructurales.

De acuerdo con el INEI, aquí viven unas 68 510 personas que han aprendido a convivir con los exigentes ciclos de la Amazonía. Durante seis meses al año, el nivel del río crece e inunda por completo la zona. Para adaptarse y no perder sus hogares, las familias construyen sus casas de madera sobre altos pilares o sobre balsas que se elevan naturalmente cuando el agua sube. El gran desafío en Belén, no obstante, no es la forma en que sus habitantes viven, sino la ausencia total de servicios públicos.

Al no contar con una red de alcantarillado o desagüe, el sistema colapsa y los desechos diarios terminan inevitablemente en el cauce del río. Esto no es solo una percepción visual, sino una realidad que la ciencia confirma. Investigaciones como la de Cerdeña et al.(2014) advierten que, debido a la actividad del puerto Masusa y la falta de saneamiento, las aguas del Itaya presentan una severa contaminación orgánica. Los estudios revelan altas concentraciones de bacterias de origen fecal, como la Escherichia coli, además de niveles de aceites y combustibles que superan largamente a los del río Amazonas. Como resultado, durante la temporada de creciente, los vecinos quedan rodeados por aguas estancadas, expuestos a focos de infección que se acumulan bajo los pisos de sus propias casas.

Fuente_ Agroperu

A este escenario insalubre se suma una gran contradicción: a pesar de estar rodeados por inmensos ríos como el Amazonas, el Nanay y el Itaya, miles de ciudadanos no tienen acceso a una sola gota de agua potable. Los datos oficiales reflejan la urgencia de atender esta realidad. Según el INEI, Loreto es la región con el mayor déficit de servicios básicos a nivel nacional: el 43,7% de su población (más de 386 000 personas) no tiene conexión a una red pública. Ante esta falta de infraestructura, las familias dependen de camiones cisterna para llenar sus baldes y bidones. Conseguir el recurso toma tiempo y esfuerzo diario, y muchas veces se almacena en condiciones inadecuadas, lo que facilita aún más la aparición de enfermedades.

Fuente_La República

Esta situación afecta directamente a los niños y niñas de Loreto. De acuerdo con un reporte del diario La República, en muchas zonas es común que los menores falten a la escuela para ayudar a sus familias a recolectar y cargar el agua de las cisternas. Además de las horas de clase perdidas, los pequeños enfrentan constantes problemas de salud por el contacto con el agua del río. Las enfermedades diarreicas agudas, las infecciones en la piel y los parásitos son muy frecuentes; condiciones que debilitan sus defensas y empeoran los cuadros de anemia y desnutrición infantil en la región.

Por si fuera poco, a la contaminación urbana y la falta de agua se suma un problema que viene desde otras zonas de la selva. Como advierte Mariano Castro, director de Unidos por los Bosques, la invasión de la minería ilegal en la Amazonía peruana vulnera directamente el derecho de estas comunidades a tener agua limpia. Esta actividad vierte metales pesados en los ríos, utilizando grandes cantidades de mercurio que, al contacto con el agua, se transforman en metilmercurio. Elementos como este y el plomo no se ven a simple vista, pero viajan por la corriente y se acumulan tanto en el agua como en los peces que las familias consumen a diario. Esto no solo golpea la seguridad alimentaria, sino que causa daños neurológicos y de salud a largo plazo, sumando una preocupación médica más para los pobladores del Itaya.

Fuente_La República: El agua a la orilla del río Itaya, contaminada y con desperdicios. Foto: Marco Cotrina

La realidad del río Itaya deja claro que no se puede hablar de bienestar ni de salud pública sin garantizar antes el saneamiento básico. Atender las infecciones en las postas médicas no es suficiente si el problema de origen sigue bajo las casas de los vecinos. En la Amazonía peruana, el agua potable y el saneamiento deben dejar de ser un esfuerzo extraordinario para convertirse, de una vez por todas, en un derecho humano garantizado que permita a los niños y familias de Iquitos vivir verdaderamente sanos.