Parque Nacional Cordillera Azul: 25 años de conservación y trabajo conjunto por la Amazonía

Autora: Claudia Tuesta.

El Parque Nacional Cordillera Azul cumple 25 años de creación consolidándose como una de las áreas naturales protegidas más importantes de la Amazonía peruana. Ubicado entre las cuencas de los ríos Huallaga y Ucayali, resguarda más de 1.3 millones de hectáreas de bosques clave para la biodiversidad, el agua y el desarrollo sostenible en el Perú.

En su 25 aniversario, el parque reafirma su rol como referente de gestión participativa en la Amazonía, el parque celebra este aniversario reafirmando su rol como referente de gestión participativa en la Amazonía.

Una gran fábrica natural de agua

El Parque Nacional Cordillera Azul cumple un rol estratégico en la generación y regulación del recurso hídrico en la Amazonía peruana.

En sus bosques nacen quebradas y ríos que abastecen de agua a más de 200 comunidades, beneficiando a más de 350 mil personas y 532 poblados ubicados en su zona de influencia.

Gracias a la protección de sus ecosistemas, el parque capta humedad, regula las lluvias y garantiza la disponibilidad de agua para el consumo humano y actividades productivas como la agricultura, la piscicultura y el turismo sostenible.

Este servicio ecosistémico es clave para territorios como el Bajo Biavo y otras zonas donde el agua sostiene economías locales y contribuye a la seguridad alimentaria de miles de familias.

Un refugio para la biodiversidad amazónica

El parque alberga una extraordinaria riqueza biológica y cultural de importancia global.

Hasta la fecha se han registrado más de 800 especies de plantas, 600 de aves, 192 de peces, 91 de mamíferos, 69 de anfibios y 57 de reptiles.

Además, diversas investigaciones han permitido identificar nuevas especies para la ciencia, reafirmando el valor ecológico del área natural protegida.

El territorio incluye bosques montanos, cabeceras de cuenca y poblaciones indígenas de los pueblos Kechua-Lamista, Yine, Shipibo-Konibo y Kakataibo en su zona de amortiguamiento.

Conservación frente a las amenazas

Pese a las presiones de la tala ilegal, la minería ilegal y los incendios forestales en la zona de amortiguamiento, el Parque Nacional Cordillera Azul mantiene uno de los niveles de integridad ecológica más altos del país: el 99.96 % de su cobertura permanece en buen estado.

Este resultado es posible gracias a un equipo técnico integrado por 59 guardaparques, 3 especialistas, 2 administrativos y un jefe del parque, encargados de la gestión, control y monitoreo del territorio.

A ello se suma el uso de drones que permiten el seguimiento de la cobertura vegetal y apoya las acciones de control y combate de incendios forestales en la zona de amortiguamiento.

El trabajo se complementa con 22 puestos de vigilancia y control, cuatro comités de vigilancia ambiental comunal y más de 700 patrullajes al año, consolidando un esquema donde la participación local es clave para la protección del territorio.

Un modelo de gestión construido junto a las comunidades

Uno de los pilares del parque es el trabajo articulado entre el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), CIMA —ejecutor del Contrato de Administración que opera en la zona de amortiguamiento mediante su equipo técnico—, comunidades nativas, organizaciones locales y aliados estratégicos.

En este marco, el parque trabaja con 34 organizaciones vinculadas a la iniciativa “Emprendedores por Naturaleza”, que impulsa actividades económicas sostenibles como el turismo y la artesanía, así como la producción de cacao, café y macambo, generando ingresos compatibles con la protección del bosque. organizaciones locales y aliados estratégicos.

Asimismo, existen 69 acuerdos de conservación que benefician a más de 4 mil familias, promoviendo compromisos conjuntos para resguardar el bosque y asegurar la continuidad de actividades sostenibles en el territorio.

Para Pedro Flores, especialista del Parque Nacional Cordillera Azul, estos 25 años reflejan la consolidación de un modelo de gestión participativa que demuestra que la conservación y el desarrollo pueden avanzar juntos.

“La experiencia del parque demuestra que las áreas naturales protegidas pueden convertirse en motores de desarrollo sostenible cuando existe trabajo articulado entre el Estado, las comunidades y los aliados estratégicos”, señaló.

Añadió que este trabajo conjunto ha permitido reforzar mecanismos de vigilancia, acuerdos de conservación y emprendimientos sostenibles en San Martín, Loreto, Ucayali y Huánuco.

Guardaparques: la primera línea de protección del bosque

La protección del Parque Nacional Cordillera Azul depende del trabajo permanente de guardaparques y vigilantes comunales, quienes recorren el territorio para prevenir amenazas como la tala ilegal, los incendios forestales y el cambio de uso del suelo.

Para Carolay Jazmin Grandez, esta labor es un compromiso de vida.

“Ser guardaparque significa cuidar el agua, los animales, los bosques y también a nuestras comunidades. Implica conservar un patrimonio natural que no solo pertenece a los peruanos, sino también al mundo entero”, señaló.

Asimismo, destacó que el contacto con las comunidades de la zona de amortiguamiento es una de las experiencias más significativas del trabajo, donde el aprendizaje mutuo fortalece el sentido de la labor en campo.

En esa misma línea, Alix Rodríguez resaltó que “uno de los principales logros del parque en estos 25 años es mantener un territorio prácticamente intacto que funciona como refugio de especies como el oso de anteojos, el maquisapo y el jaguar”; añadió que la protección del territorio es una responsabilidad compartida y que el compromiso ciudadano potencia el impacto del trabajo en campo.

El parque complementa estas acciones con educación ambiental, monitoreo comunitario y fortalecimiento de capacidades junto a poblaciones locales e indígenas.

Alianzas para conservar la Amazonía

Para Yvan Vela, del componente de turismo de CIMA Cordillera Azul, uno de los principales logros ha sido consolidar una alianza de largo plazo basada en la confianza y la corresponsabilidad.

“La conservación de la Amazonía solo es posible cuando trabajamos unidos”, afirmó.

Añadió que la articulación entre el Estado, comunidades y aliados ha permitido impulsar iniciativas de turismo sostenible, protección del bosque y aprovechamiento responsable de los recursos naturales.

A 25 años de su creación, el Parque Nacional Cordillera Azul se consolida como uno de los principales bastiones de la Amazonía peruana y un ejemplo de cómo la protección de los ecosistemas también puede generar bienestar, oportunidades y futuro para las personas.