Los ojos y oídos del bosque: así ayuda la tecnología a conservar la biodiversidad

Autora: Claudia Tuesta.

En lo profundo del bosque, una pequeña grabadora registra el canto de un ave al amanecer. A cientos de kilómetros de distancia, una cámara trampa captura el paso silencioso de una sachavaca. Sobre el dosel amazónico, un dron sigue los movimientos de un grupo de monos entre las copas de los árboles. Aunque parecen escenas aisladas, todas forman parte de una misma tarea: entender la naturaleza para poder conservarla.

Esa fue una de las principales reflexiones compartidas por Frank Suárez, especialista en Monitoreo de la Biodiversidad del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), durante el Primer Foro de Innovación Ambiental, realizado en el marco de la Semana de la Innovación 2026 organizada por el Concytec.

Durante su presentación, Suárez destacó que la conservación de la biodiversidad requiere información constante sobre el estado de los ecosistemas y las especies. Para ello, el Sernanp ha desarrollado un sistema de monitoreo ambiental que combina ciencia, tecnología y trabajo de campo en las áreas naturales protegidas del país.

Actualmente, la institución conserva más de 30 millones de hectáreas y cuenta con 108 protocolos de monitoreo que permiten evaluar poblaciones de fauna silvestre, identificar amenazas y medir el impacto de las acciones de conservación.

Foto: Sernanp

Parte de esta información es recopilada por los guardaparques durante sus recorridos de vigilancia y control. Equipados con aplicaciones móviles y diversas herramientas de monitoreo, registran la presencia de especies, cambios en el entorno y posibles amenazas, generando información clave para la gestión de estos espacios.

Tecnología al servicio de la biodiversidad

Entre las herramientas utilizadas destacan las cámaras trampa, dispositivos instalados en lugares remotos que registran automáticamente la presencia de animales. Gracias a esta tecnología se ha generado una base de datos de más de 350 mil fotografías de especies como la sachavaca, el oso de anteojos, el paujil del Sira, entre otras.

Otra herramienta importante son las grabadoras acústicas, conocidas por los especialistas como los “oídos del bosque”. Estos equipos registran sonidos de manera continua y permiten identificar patrones de actividad de distintas especies, reconocer periodos reproductivos y detectar fauna difícil de observar directamente.

La innovación también llega desde el aire

En el Bosque de Protección Alto Mayo se viene explorando el uso de drones para monitorear al mono choro de cola amarilla, uno de los primates más amenazados del Perú. Las imágenes obtenidas permiten seguir sus desplazamientos en las partes más altas del bosque y conocer mejor su distribución.

Además, en ecosistemas amazónicos se utilizan sensores especializados para monitorear manatíes, una especie emblemática cuya observación directa suele ser compleja debido a las características de su hábitat.

Datos que ayudan a proteger

Más allá de la tecnología, el monitoreo cumple una función esencial: generar evidencia para la toma de decisiones; la información obtenida permite conocer si las poblaciones de determinadas especies aumentan o disminuyen, identificar cambios en los ecosistemas y orientar acciones de conservación. También ayuda a comprender cómo utilizan el territorio las especies y qué medidas son necesarias para asegurar su protección.

Un ejemplo son los estudios realizados con collares satelitales en osos de anteojos, que demostraron que gran parte de sus desplazamientos ocurre fuera de las áreas naturales protegidas. Este tipo de información permite promover acciones de conservación a escala de paisaje e involucrar a comunidades, autoridades y otros actores locales.

El monitoreo también involucra a las poblaciones locales

En la Reserva Comunal Tuntanain, en Amazonas, comunidades y especialistas participan conjuntamente de la elaboración e implementación de un protocolo de fauna silvestre mediante recorridos de campo y cámaras trampa. De esta manera, las capacidades permanecen en el territorio y contribuyen a una gestión más participativa de los recursos naturales.

Para Suárez, la vigilancia y el monitoreo son componentes inseparables de la conservación. Los registros realizados, las imágenes captadas por cámaras trampa, los sonidos almacenados por las grabadoras y los datos generados por drones o sensores especializados conforman una red de información que permite responder de manera más efectiva a las amenazas que enfrenta la biodiversidad.

En un contexto marcado por la pérdida de hábitats y los efectos del cambio climático, generar conocimiento se ha convertido en una herramienta fundamental para la conservación.

Foto: Sernanp