Reseña de película Tierra roja: ecopoética audiovisual de la Amazonía peruana

Cuando la selva nos habla

Autora: Bárbara Contreras

La noche del miércoles 12 de agosto, el NOS PUCP se convirtió en el escenario que dio vida a la película de Pedro Favarón, investigador, docente y escritor peruano-argentino, cuyo compromiso con la Amazonía se refleja y resalta en cada cosa que hace, y esta película no es la excepción.

Si bien al inicio de la presentación el reciente director bromeó sobre su mala experiencia con las cámaras y cómo era catalogado como un mal estudiante de cine, luego vimos que en tan solo cincuenta y siete minutos, Favarón logra capturar un poco de lo que es la Amazonía peruana — al menos lo que se percibe a través de sus ojos— y trata de transmitirnos de una manera no tan convencional ni académica, sino a través de una sinergia de sonidos, imágenes y diálogos que nos recuerdan quiénes somos, incluso sin haber nacido en la selva, y cómo no estamos tan alejado de la naturaleza como solemos creer.

La cinta no funciona solo como un viaje por los paisajes amazónicos o una breve visita a la vida cotidiana de sus habitantes, sino que nos interpela, nos muestra esa otra realidad que sabemos que existe, pero que muchas veces decidimos ignorar por considerarla como ajena a nuestro entorno: la tala de árboles y devastación de bosques amazónicos. Sin embargo, no se trata solo de poner imágenes dolorosas en pantalla, sino que las intercala con fragmentos de lo que es la vida en lo que vendría a ser la parte urbana de esa región del país: un parque de diversiones, primeros planos de personas divirtiéndose en el río; es decir, trata de representar la compleja convivencia entre la vida la muerte tanto individual como colectiva. 

Además, también representa la —por momentos contradictoria—  convivencia de lo occidental con lo ancestral, pues a  lo largo del largometraje escuchamos una voz que nos habla en Shipibo-Konibo y que nos recuerda que la modernidad muchas veces nos hace ignorar u olvidar: que nosotros también formamos parte de la tierra, que los árboles y animales merecen una vida tan digna como la nuestra y que la vida en armonía que antes era menester, poco a poco, se está perdiendo, cegándonos del hecho de que con ellos nosotros también estamos perdiendo. Incluso los que se sienten ajenos al tema por encontrarse en otra región u otro país están involucrados, también tienen el deber y derecho de existir de manera equilibrada, sabiendo que todos formamos parte de una misma red y que de alguna manera nos encontramos unidos con ese árbol que en estos momentos está siendo derribado.

En momentos en los que el desastre y desconcierto parecen inminentes, el arte se hace más necesario que nunca, películas como Tierra roja comienzan a adquirir un mayor peso por los esfuerzos de reconectarnos con ese lado no occidental ya olvidado pero necesario si queremos seguir viviendo en este planeta.